Criptografía militar



En la Segunda Guerra Mundial se desarrolló la criptografía para que el enemigo no pudiera interceptar las comunicaciones. De esta manera se utilizaron muchos recursos matemáticos y estadísticos para conseguir descifrar los mensajes del enemigo.
Fue utilizada por norteamericanos, japoneses y alemanes:

Los norteamericanos utilizaron un idioma hablado que carecía de cultura escrita: el lenguaje de los navajos. Esta era una forma de dificultar el descifrado del mensaje del enemigo. Este idioma era complejo y muy difícil de transcribir por ello la falta de equivalencias escritas para palabras militares se solventó con las sustituciones. Los aviones de caza eran colibríes, los de observación, búhos, etc.
Gracias a los navajos, los norteamericanos contaron con un sistema de comunicación rápido e imposible de descifrar.

En cuanto a los japoneses, el JN 25 fue un código que consistía en aproximadamente 45.000 números de cinco dígitos, cada uno de los cuales representaba una palabra o frase. Estos números eran "supercifrados" con unas tablas especiales de adición de números. Para romper el código era necesario utilizar técnicas de análisis matemático que deshicieran el proceso de adición, luego analizar estadísticamente los patrones de repetición para desvelar el significado de los números de cinco dígitos.

Los alemanes contaron con la máquina Enigma, un sistema de cifrado semejante a una máquina de escribir, con la ventaja de ser de fácil transporte. Constaba de un teclado, una unidad modificadora que codificaba el texto y un tablero en el que aparecía la letra codificada iluminada. La máquina podía generar unos 17 trillones de cifrados diferentes. Sin embargo, la tarea imposible de descifrar estos códigos fue gracias al gobierno inglés.


Máquina Enigma